En esta exposición nuestros compañeros nos mostraron la intervención socioeducativa que se lleva a cabo en el ámbito de la pobreza, centrándose en la labor de los albergues y de los centros de día.
Cada día cuando salgo a la calle, veo por las calles de Sevilla numerosas personas pidiendo limosna o simplemente durmiendo en un portal, entre cartones, pero nunca nadie se para a hablar con ellos o a intentar interesarse por sus gustos o aficiones. De hecho la idea que a todos se nos pasa por la cabeza al verlos es de lástima y de compasión pero esto suele durar unos minutos, sin volver a pensar más en estas personas.
Con la exposición de este grupo me viene a la cabeza un curso de voluntariado en el que me inscribí, pero que al final no realicé por coincidir con horas lectivas. Se trataba de un programa centrado en tomar café con los mendigos, con el fin de charlar con ellos. La tarea se iniciaba a las 12 de la noche y a través de un recorrido por las calles de Sevilla, se iba en grupos deteniéndose a hablar con todos los indigentes. El objetivo era que estas personas se sientiésen acompañadas y pudieran hablar con alguien.
Tras esto que es una experiencia propia que se me viene a la cabeza, mencionar lo expuesto en clase por nuestros compañeros.
Primero se trató el fenómeno del “sinhogarismo” referente a la falta de alojamiento adecuado y permanente, el cual aportaría un marco estable de convivencia. Esta carencia se intenta suplir en los albergues, que son unos establecimientos para el alojamiento temporal, que se destinan a aquellas personas en situación de emergencia social. Se les proporciona un cobijo y alimento por un período limitado.
Por otro lado, estarían los centros de día, destinados a posibilitar, en régimen diurno, diversas oportunidades de mejora de la inclusión social. Se les proporciona a los individuos servicios de terapia ocupacional, autocuidado, habilidades sociales u ocio, entre otros rasgos, cuyo fin de todos ellos es que la persona no esté en la calle.
Además he de destacar un aspecto curioso de esta exposición y son los tipos de personas sin hogar, los cuales no suelen ser conocidos y se encuadran a todos los transeúntes en el mismo colectivo. Según la vivienda están los sin techo( que no tienen nada), los sin vivienda (que conviven en albergues), la vivienda insegura (casas embargadas o no legales) o vivienda inadecuada (chabolismo).
Según la temporalidad, Josefa Moreno, en su obra “Ante todo personas” diferencia entre transeúnte incipiente, habitual y crónico.
El perfil de estas personas que recurren a los albergues y los centros de día es muy variado: inmigrantes, jóvenes (destacando el dato de que en el centro situado en la calle Páges del corro, en Sevilla en el último año ha habido más de 30 jóvenes menores de 25 años), drogodependientes o personas con problemas de salud mental. Con esto mostrar que no solo las personas sin hogar se caracterizan por no tener dinero sino que existen otros rasgos que empeoran la situación y fomentan una mayor desadaptación.
Por último, hacer referencia al centro en el que se ha realizado la investigación, es el Centro de Acogida Municipal (en la zona de la Macarena, Sevilla).
Tras tratar este colectivo he reflexionado y me he interesado por ser voluntaria, aspecto que llevaba pensando desde hace varios meses, pero he descubierto que los accesos son bastante limitados, al no tener aún ninguna titulación. Mi labor como voluntaria se centraría en ayudar en los comedores o incluso en la organización de alguna tarea de ocio, pero aún así creo que el siguiente cuatrimestre seré voluntaria en algún hueco de mi semana.
Todo este se debe a que considero que las personas sin hogar son una de las personas más vulnerables y que se les puede ayudar con una simple acción como hablar con ellos y ver sus intereses. Reconozco que esto es un pequeño paso, pero granito a granito se forma la montaña.

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