Como siempre me sucede, me adelanto a los acontecimientos y por ello…hace dos días publiqué mis entradas con nueva teoría que Jose y Almudena habían desarrollado en clase pero falta ese “eso” que Jose me repite continuamente que exprese: mi YO.
Retomando el vídeo que vimos en la última clase con Almudena La isla de las flores nos planteamos si realmente somos libres en nuestra sociedad.
En el vídeo se muestra al inicio el peso del Liberalismos económico, donde son los mercados los que mueven todos los hilos. Además como dije en la última entrada, también se destaca el Positivismo según el cual el individuo va a estar condicionado por el entorno en el que nazca. Existe una valla que separa a los hombres de los cerdos, mostrando un fuerte determinismo.
Con esto se muestra que ideologías consideradas tan antiguas como el Liberalismo y el Positivismo siguen aún muy presentes, lo cual motiva esa falta de libertad que nos caracteriza. Influye el nivel económico o la educación, entre otros aspectos.
Pero a pesar de esto, algunas personas prefieren vivir en ese desconocimiento en el cual es más cómodo estar, al no tener que pensar en los problemas. Esto se podría denominar “dolor de la lucidez”, según el cual es necesario conocer para ser libre, y donde se muestra la dura realidad en la que vivimos. Esto se puede aplicar a situaciones como las noticias sobre raptos de niñas, que consideramos es un conflicto ajeno, solo con por el hecho de no pensar en por qué ocurre esto.
También mencionar que es la sociedad la que pauta los modos de vida, muestra clara de positivismo, ya que en función de donde se nace, se va a tener unas posibilidades de vida u otras.
Aquí mencionar como nuestra futura intervención se va a desarrollar con personas que no conocen otro modo de socialización que el que le viene impuesto por su nacimiento. Se plantea que nuestra labor es más bien una “manipulación con criterio”, donde es necesario buscar el origen de las decisiones para mostrar a estas personas que otros modos de vida son posibles. Destacar como ejemplo el de un chico de 16 años del Vacie el cual solo tiene como expectativas ir a trabajar con su padre de chatarrero, pero ¿es esto lo que realmente desea? Seguramente es porque no conoce otro modo de vida, la posibilidad de estudios universitarios o la salida a otra ciudad para trabajar. Es aquí donde está nuestra labor, en mostrarle a este chaval como de diferente podría ser su vida y con esto que él decida libremente lo que quiere hacer. Pero en esto último se queda mi reflexión ya que, si al mostrarle a ese chaval otro mundo, él desea cambiar su vida, podemos ayudarlo a reinsertarlo, pero ¿la sociedad lo aceptará, tras saber de dónde procede? Existe un fuerte determinismo ante el que debemos luchar, enseñándole a ese chico unos modos de comportamientos “adecuados” a la sociedad. Esto es lo que demanda la escuela sociocrítica, la cual intenta restablecer la comunicación entre el individuo y el medio. El deseo es romper ese muro creado por el dinero y que clasifica a las personas.
En definitiva, que hoy día vivimos en una sociedad económicamente liberal pero que a la hora de intervenir con los problemas sociales parte del determinismo biológico y sociológico, por tanto, el Liberalismo y el Positivismo siguen presentes aunque no se expresan como en sus inicios.
Se da un conflicto entre caridad e intervención social, al aparecer frases como: “En la intervención con el Vacie, se entra en la zona, nunca se sale”. En estos programas, se pretende tratar con los desadaptados, pero no insertarlos en la sociedad, por lo que considero que la labor no finaliza, ya que no cumple con sus objetivos, pero aquí ya cabría mencionar que en función de la entidad con la que trabajemos así serán nuestros objetivos de intervención. Ante esto debo afirmar que me parece hipócrita, porque toda intervención debe partir del deseo de ayuda al otro, sin ningún tipo de prejuicio.
En conclusión, ¿En qué fase de intervención nos encontramos? Represiva, de beneficencia, terapéutica, técnica… dependerá del programa pero ya adelantó, no todas las acciones sociales se encuadran en la fase crítica, que motiva el cambio de la sociedad, como sería lo ideal.





